Espeluznante, la marca del bombero muerto

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Durante décadas, los trabajadores en el Departamento de Bomberos de Chicago notaron una impresión fantasmagórica, una marca permanente en una ventana que no salía aun si lo lavaban o raspaban varias veces. Las leyendas circulaban, y muchos pensaban que la huella de la mano podría tener una historia macabra relacionada a un colega bombero que habría sucumbido a un accidente.

COMO UNA ATERRADORA PREDICCIÓN

El 18 de abril del año 1924, un día normal en el Departamento de Bomberos de Chicago, Francis Leavy, bombero, se encontraba limpiando una ventana en el edificio. Desde el comienzo, el hombre se hacía notar algo extraño, no hablaba, no sonreía ni saludó a sus compañeros, solo se entretenía con la actividad que tenía, aunque se podía notar un aire de melancolía que lo envolvía.

En un momento, en un tono fúnebre, Leavy indicó que sentía que iba a morir ese día.

LA TRAGEDIA

El teléfono timbraba sin cesar, era un conductor de autobús que desesperado indicaba que se veían enormes oleadas de fuego provenientes del Curran’s Hall, un edificio de cuatro pisos ubicado a muchas cuadras de distancias del Departamento de Bomberos.

Los bomberos llegaron rápidamente al lugar de la tragedia, luchando contra el feroz fuego que provenía de ambos lados del edificio. Lo más desesperante era que había personas atrapadas en los pisos superiores, gente que poco a poco se iba desvaneciendo por la falta de oxígeno. Los bomberos utilizaron las escaleras para acceder a los pisos superiores, y hasta ese momento, la misión de rescate iba bien.

Sin embargo, las olas de fuego pronto comenzaron a cubrir toda la construcción, el techo fue el primero en sucumbir, seguido de las paredes, causando la muerte de muchas personas que fueron aplastadas contra el suelo, entre ellos, estaba Francis Leavy.

LA MARCA DE LA MUERTE

Tan solo unos pocos afortunados fueron rescatados aunque con heridas graves. Luego se descubriría que se trató de incendio provocado, una tragedia provocada por un hombre de negocios que quería el dinero del seguro.

Sorprendentemente, los bomberos notaron un fenómeno extraño justo un día después del evento. Una misteriosa huella apareció en una ventana del Departamento de Bomberos, pero no era cualquier ventana ¡Era la que Leavy estaba limpiando el día anterior! Probaron de todo para desaparecer la intrigante huella, desde limpiadores de ventana hasta fuertes solventes químicos, pero la mancha no se esfumaba. Finalmente decidieron dejar la huella como una memoria del mártir.

Lamentablemente, un niño que repartía periódicos, aventó de manera descuidada el periódico matutino sobre la ventana cerrada un 18 de abril de 1944, destruyendo el vidrio y por lo tanto la huella de la mano impregnada.

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