El Hombre que no lograron matar ¿Simple casualidad o intervención divina?

Las ejecuciones en la Inglaterra del final del siglo XIX eran espeluznantes. El método más utilizado era colgar a aquellos culpables de un crimen, ya se imaginarán el escenario, las personas que solían ir a ver este tipo de castigos podían observar cómo el prisionero se retorcía en la cuerda por un tiempo que incluso alcanzaba los 30 minutos hasta que finalmente moría, cabe mencionar que todos los colgamientos solían llevarse a cabo con éxito, excepto por uno.

El 23 de febrero del año 1885, John Babbacombe Lee, de 19 años de edad, fue llevado a la horca por el asesinato de su empleadora, Ellen Keyse. Su juicio fue rápido con evidencias bastante circunstanciales. Keyse había sido hallada muerta por apuñalamiento cerca al lugar donde vivía John, y a su lado, un cuchillo que aparentemente le pertenecía a él. No hubo testigos presenciales, pero a pesar de ello John Babbacombe Lee fue condenado a muerte por el juez.

Lee fue trasladado al lugar donde sería ejecutado, sus brazos y piernas fueron atadas cuando se puso de pie en la puerta trampa de la horca, a tan sólo minutos de llevarse a cabo la ejecución, el hombre seguía alegando su inocencia. El capellán habló por un momento y luego el verdugo tiró de la palanca. Pero para sorpresa de todos, nada ocurrió. Nuevamente se volvió a tirar de la palanca y la puerta trampa seguía cerrada. John seguía de pie mientras los guardias golpeaban la puerta trampa con sus pies, después de 6 minutos, Lee fue retirado de aquel lugar por un momento para que se revisen los pernos y parte de la madera alrededor de los bordes de la puerta trampa, se colocó un peso en el lugar y al tirar de la palanca todo funcionó de manera correcta.

La ejecución se retomó, el capellán nuevamente dirigió algunas palabras hacia John quién fue colocado nuevamente de pie en la puerta trampa, se tiró de la palanca, pero para impaciencia y sorpresa de los espectadores nuevamente no se abrió. Una vez más el supuesto criminal tuvo que ser trasladado a otro lugar para que un experto carpintero trabaje frenéticamente para asegurarse del buen funcionamiento del mecanismo mortal. Al finalizar su trabajo, de nuevo se probó con exitosos resultados.

¿Qué siguió después? Lo mismo que describimos, John de pie sobre la puerta trampa, unas palabras antes de su ejecución y el verdugo jalando la palanca ¿Qué pasó finalmente? Pues, volvió a fallar, una situación que llegó a colmar la paciencia del capellán, quién optó por retirarse de la escena. El convicto fue retirado de la horca, sus ataduras removidas y llevado de vuelta a la celda de una cárcel. Poco después se le concedería una suspensión por parte del Ministro del Interior Sir William Harcourt.

La historia en sí, es interesante, pero al analizarla salen a la luz distintas preguntas concernientes al fallo de la puerta trampa ¿Acaso estaba defectuosa? Sin embargo funcionaba muy bien con otros prisioneros o quizás como muchos quieren creer, se debió a una providencia divina impidiendo que se llevara a cabo la ejecución de Lee.

Probablemente nunca lleguemos a saber. John Babbacome Lee cumplió 22 años de prisión, fue liberado y luego se trasladó a América, donde murió en el año 1933.

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