La macabra isla rusa de caníbales

Con toda nuestra civilización, intelecto y cultura, es fácil para nosotros los seres humanos caer rápidamente en el pensamiento de que de alguna manera somos superiores a todo lo que hay a nuestro alrededor. Nos gusta pensar que son estas cualidades, así como toda nuestra tecnología y sofisticación lo que nos diferencia de las bestias, algo que nos hace olvidar que nosotros mismos somos animales y que bajo todo nuestro aprendizaje superior e inteligencia reside nuestro instinto primario y bestial de sobrevivencia, instintos básicos que no son diferentes a los que poseen los animales más feroces que comparten este mundo con nosotros.

Esto se pudo demostrar con los prisioneros de lo que llegaría a conocerse como la Isla Caníbal, personas cuya humanidad parecería haber sido arrancada al darse un festín con la carne de los demás.

Era el año 1933 en la antigua Unión Soviética, y el régimen brutal de Stalin estaba en medio de un plan diabólico ideado originalmente por Genrikh Yagoda, el jefe de la Dirección Política Estatal Conjunta, que era la fuerza de la policía secreta soviética. En dicho lugar se enviarían a los “indeseables” quienes en su mayoría eran personas sin hogar, mendigos, delincuentes, gitanos, discapacitados mentales y locos, en otras palabras; cualquiera que no “encajara” en los ideales de la estructura de la clase comunista, aunque al parecer con simplemente no tener un pasaporte interno adecuado era suficiente para incluir a alguien en la lista.

En abril de 1933; alrededor de 25,000 personas habían sido reunidas y transportadas en nauseabundos y estrechos trenes hacia los lejanos rincones de la gélida tierra salvaje, y debían pasar por un campamento de tránsito en la remota región siberiana de Tomsk en el camino.

En el lugar no había suficiente comida, agua o medicinas y las autoridades veían a los prisioneros como miserables, enfermos y peligrosos. Como era de esperar, muchas de las víctimas perecieron, pero teniendo en cuenta lo que iba a suceder, probablemente se encontraban entre los afortunados.

En un esfuerzo por aliviar la presión de los recursos limitados y aliviar la tensión del campamento superpoblado, alrededor de 6,000 de los prisioneros fueron elegidos para trasladarse a otro campamento de nombre la Isla Nazino, aquí la cosas pasaron de mal a peor, al descubrir que el nuevo “hogar” era un páramo helado de maleza espinosa carente de fuentes de alimentos. Alrededor de 300 prisioneros fallecieron durante una tormenta de nieve en la primera noche mientras dormían al aire libre.

Las condiciones simplemente eran inhumanas, completamente insoportables, y a tan solo pocos días de llegar a la isla Nazino, decenas más habían perdido la vida, la mayoría de los cuerpos estaban tendidos en el suelo y no pasó mucho tiempo antes de que las hambrientas masas de gente comenzaran a alimentarse de la carne de los caídos.

Se volvió común ver cadáveres que habían sido rebanados como por un carnicero, despojados de los “mejores” trozos de carne y sin órganos nutritivos como el hígado. No pasó mucho para que los prisioneros se convirtieran en asesinos caníbales para alimentarse como si fueran animales. Las bandas de gente enloquecida por el hambre se dispersaban y aterrorizaban a los enfermos o débiles, los mataban brutalmente y consumían su carne cruda.

En un relato particularmente inquietante, una joven fue capturada y atada a un árbol, donde unos caníbales sedientos de sangre le quitaron la carne mientras ella todavía se retorcía en agonía. Una práctica común entre los presos se llamaba “sangra a la vaca”, la cual consistía en que un grupo atraía a otro prisionero invitándolos a unirse a ellos en un intento de fuga, el resto de la historia…ya se imaginarán.

Muchos años después, una sobreviviente del lugar que en aquel entonces tenía 13 años de edad diría “¡Las cosas que vimos! La gente estaba muriendo en todas partes; se estaban matando el uno al otro. Cuando recorrías la isla veías carne humana envuelta en harapos; carne humana que había sido cortada y colgada en los árboles. Los campos estaban llenos de cadáveres”

Mientras el salvaje derramamiento de sangre empeoraba y moría más gente, el gobierno comenzó a darse cuenta de la gravedad de la situación y se preocupó de que algunos de los enloquecidos prisioneros pudieran llegar a los pueblos remotos y convertir la situación en un apocalipsis caníbal.

Se enviaron refuerzos para ayudar a los guardias que ya estaban allí y docenas de prisioneros fueron arrestados, pero ya era demasiado tarde, se estima que de las 6,000 personas que llegaron al lugar murieron alrededor de 4, 000, aunque el verdadero número de víctimas probablemente permanezca desconocido para siempre.

En ese momento, el Comité Regional del Partido Comunista de Siberia Occidental lanzó una comisión para investigar lo sucedido en la isla, pero el informe fue rápidamente enterrado y mantenido en secreto, tal como se hizo con otros sombríos relatos similares.

Durante décadas, el gobierno negó y ocultó lo ocurrido en Nazino, hasta que la verdad comenzó a conocerse en el año 1988, debido a los esfuerzos de una sociedad rusa histórica y de derechos civiles llamada Memorial, la cual rastreó los documentos gradualmente y los hizo conocer al mundo exterior.

La historia de la Isla Nazino está lejos de ser la única historia de brutalidad bárbara que proviene de los gulags soviéticos, pero es sin duda la que más resuena con su inquietante y triste historia donde los humanos se cazaban entre sí para alimentarse

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