La otra cara del desastre, los perros abandonados a morir en el Titanic

Ya han pasado muchos años desde la tragedia ocurrida con el “barco insumergible” al golpear un iceberg en el Atlántico Norte, hundiéndose (del 14 al 15 de abril de 1912) en su viaje inaugural a América, pero ¿Sabías que además  de personas, habían al menos 12 canes a bordo? Estas son algunas historias de animales que fueron abandonados a su suerte durante el hundimiento o murieron al lado de sus dueños.

Se sospecha que muchos otros perros habrían estado a bordo aquel trágico día, pero como fueron enumerados como carga en los expedientes del barco, la mayoría de los detalles simplemente se perdieron. Un dato que se conoce es que el Titanic poseía excelentes instalaciones perreras, y no podía ser menos, ya que la mayoría de mascotas pertenecían a familias importantes, incluso estaba planificado para el 15 de abril, una exposición de perros, el mismo día en que el barco desapareció por debajo de la superficie del océano en las horas de la madrugada, obviamente el espectáculo nunca pudo llevarse a cabo.

Hablemos primero de los sobrevivientes, de los 12 perros a bordo confirmados sólo lograron sobrevivir 3 ¿Y qué tenían en común? Eran pequeños y fáciles de ocultar, 2 eran de raza Pomeranian y 1 Pekinés, pero ¿A quiénes pertenecieron estos afortunados perritos? Uno de los  Pomeranian de nombre “Lady” (Dama) fue adquirido por Miss Margaret Hays mientras estaba en Paris, el animal compartía cabina con su dueña (algo que sólo se le permitía a pocos) y fue envuelto en una manta por Hays cuando se dio la orden de evacuar. El otro Pomeranian le pertenecía a la poderosa familia Rothschild, y el pekinés de nombre “Sun Yat-Sen” era el compañero de viajes de Myna Harper y su esposo Henry S. Harper quienes simplemente tomaron a su mascota con ellos en el barco, más adelante se le cuestionaría a Henry Harper la decisión de salvar a su perro en vez de a otras personas, a lo que él replicó “Parecía haber bastante espacio en el bote y nadie hizo alguna objeción”.

Entonces, ¿Qué ocurrió con los demás canes? Se dice que al fin y al cabo habría habido la tan esperada “exposición de canes” ya que aparentemente, en algún momento de la tragedia, alguien decidió liberar a los animales de sus perreras, los mismos que desesperadamente trataron de salvar sus vidas corriendo de arriba abajo mientras el trasatlántico desaparecía entre las heladas aguas.

En un relato particularmente conmovedor, una de las pasajeras, Ann Elizabeth Isham de 50 años de edad, iba a visitar diariamente a su adorado compañero, un gran danés,  en las perreras. Durante el hundimiento, Isham logró abordar y acomodarse en uno de los botes salvavidas, pero cuando le dijeron que su perro era demasiado grande para unirse a ella en la embarcación, decidió salir del mismo. Su cuerpo sin vida fue encontrado varios días más tarde aun aferrándose a su perro en las aguas.

Pero como indicamos, sólo los pasajeros de primera clase podían tener a sus mascotas en la misma cabina, una de las que contaba con dicho privilegio fue Helen Bishop, sobreviviente de la tragedia, quién contaría que su cachorro Frou –Frou, un pequeño Poodle Toy,  se sostuvo desesperadamente con los dientes a su vestido mientras lo abandonaba en la cabina durante la evacuación “La pérdida de mi pequeño perro me dolió mucho. Nunca olvidaré como me sujetaba de mi ropa. Quería ir conmigo”, indicó.

El pequeño Poodle Toy fue dejado en la cabina y formó parte de los otros canes muertos aquel día, muchos de ellos olvidados por sus propios dueños quienes trataban de salvar sus propias vidas durante el desastre. Es difícil imaginar ser parte de esta tragedia, y para muchos resulta más difícil aún imaginarse tener que tomar la decisión de abandonar a su mascota mientras el barco se hundía ¿Cuál habría sido tu decisión?

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