El misterioso y aterrador bosque de los niños desaparecidos

Hay lugares en este mundo que parecen albergar secretos ominosos y reverberan con los ecos de una historia oscura. Aquí los misterios, las desapariciones y las muertes sin resolver rondan el paisaje y contienen pistas evasivas que continúan desconcertándonos.

Uno de esos lugares es un tramo de tierra virgen y escarpadas montañas a las afueras de la ciudad de los Ángeles, California (Estados Unidos), la cual fue base de una serie de extraños y escalofriantes desapariciones de niños que han permanecido sin resolver hasta el día de hoy y continúa siendo motivo de discusión y debate.

Dispersos dentro del condado de Los Ángeles, en el sur de California, se encuentran las montañas San Gabriel, las montañas Sierra Pelona y dentro de esta vasta extensión de naturaleza salvaje, no lejos de la jungla urbana de Los Ángeles, se encuentra el Bosque Nacional. En un total de 700, 176 acres, el bosque abarca grandes porciones de tierras protegidas que permanecen en condiciones notablemente prístinas, es un destino de recreación popular para personas de toda la región y es bien conocido por su naturaleza virgen y accidentada, pero aparte de ello, también se le conoce por una siniestra cadena de desaparecidos que durante años han estado al acecho detrás de la apariencia de un esplendor natural.

En agosto de 1956, Brenda Howell, de 11 años de edad, visitaba el área desde Carolina del Norte para ver a su hermana y se hizo amiga de un niño del vecindario, Donald Lee Baker, de 13 años. En la mañana del 6 de agosto, los dos menores de edad se montaron en sus bicicletas para explorar en el área de San Gabriel. Los pequeños nunca más serían vueltos a ver.

Como se tardaban en regresar, se organizó una búsqueda masiva por parte de policías y personal de la Armada, así como de cientos de voluntarios que recorrieron el lugar en busca de alguna señal, sin embargo, después de días de búsqueda, sólo lograron recuperar la bicicleta de Brenda y la chaqueta de Donald. Dos meses después, la bicicleta de Donald también se encontraría pero en la Escuela Primaria Glendora, donde un estudiante afirmó haberla hallado en el bosque no mucho después de las desapariciones. No se encontraron pruebas adicionales y los niños simplemente parecían haberse desvanecido en el aire.

El año siguiente, en la primavera de 1957, aconteció otra desconcertante desaparición. El 23 de marzo, Eldon Bowman y su cuñado Gordon Wicks realizaban una caminata en el Arroyo Seco en Altadena, California, junto a sus pequeños hijos, el mayor de los cuales era Tommy Bowman de 8 años. En algún momento durante la caminata, Tommy corrió hacia adelante y desapareció de la vista en una curva, pocos momentos después el menor simplemente ya no estaba, de hecho, nunca más fue vuelto a ver.

Al principio la familia supuso que debía estar por los alrededores, por lo que comenzaron a llamarlo por su nombre, pero al no obtener respuesta alguna, notificaron lo sucedido a las autoridades policiales. Claro está, que la búsqueda fue intensiva, llegando a utilizar además aviones y unidades caninas, pero el paradero del pequeño era desconocido, parecía que la tierra se lo había tragado.             

La única posible pista llegó dos semanas después, cuando una misteriosa carta anónima fue recibida por la familia Bowman, en la cual se afirmaba que el niño todavía estaba vivo y en compañía de un varón adulto no identificado, otra carta les indicaba que Tommy estaba en Oklahoma, pero no está claro si éstas eran pistas genuinas o una simple broma cruel, cual sea el caso, no condujeron a ninguna parte. Tommy Bowman nunca ha sido encontrado.

La siguiente joven víctima fue Bruce Howard Kremen, de 6 años, quién estaba de campamento junto a otras 80 personas entre adultos y niños en el Bosque Nacional de los Ángeles. El 12  de julio de 1960, se alegaba que Bruce estaba de excursión con otros niños y un supervisor adulto a unos 300 metros del campamento, cuando se agotó y fue enviado a descansar al campamento. Cuando el niño llegó al lugar, el supervisor regresó para ocuparse de los otros menores, sin embargo Bruce nunca llegó a su destino.

Cuando el grupo se dio cuenta de que el muchacho estaba desaparecido, tan sólo unos minutos después, el grupo realizó exhaustivas búsquedas, a las que luego, se unirían la policía y voluntarios, pero no se encontraron rastros del Bruce.

Estos casos seguirían siendo enigmas completos, sin nuevas pistas o pruebas hasta el 6 de marzo de 1970, cuando un hombre llamado Mack Ray Edwards, de 51 años, ingresó de la nada a la estación Foothill del Departamento de Policía de los Ángeles y confesó con calma haber abusado sexualmente de 6 niños entre los años 1953 y 1970, incluyendo entre los nombres, dos de los desaparecidos, Brenda Howell y Donald Baker.

Cuando la sorprendida policía ya tenía esperanza de ver el final de estos largos y desconcertantes casos, le pidieron a Edwards que los llevara a donde había escondido los cuerpos, algo que el aparente asesino aceptó. Sin embargo, cuando los dirigió al sitio, no se hallaron señales de que algún cuerpo hubiera estado allí, por lo tanto, el confeso no podía ser acusado de sus supuestos crímenes.

A pesar de ello, durante su juicio y mientras estaba en prisión, Edwards afirmó abierta y persistentemente que estaba detrás de todo esto, incluso se jactaba a menudo de haber matado hasta 18 niños en todo el condado de los Ángeles, donde operó maquinaria pesada como trabajador de construcción de carreteras. Desafortunadamente no había evidencia que lo conectara con ninguno de los casos y terminaría suicidándose en su celda en la prisión de San Quentin, colgándose con un cable antes de que pudiera ser juzgado por alguno de sus cargos.

La muerte de Edwards no fue el final de la investigación y aunque estos casos permanecen oficialmente abiertos, los cuerpos de las víctimas nunca se han encontrado y sus desapariciones siguen sin resolver.

¿Fueron estas desapariciones producto de los actos criminales de Mack Ray Edwards? ¿Fue alguien más? ¿Podrían estos niños simplemente haber sucumbido a los elementos y peligros naturales del área o fue algo completamente diferente? Cualquiera sea la posibilidad, en algunos de estos casos, como el de Bowman y Kremer, las víctimas estuvieron fuera de la vista por solo unos pocos minutos, a pesar de ello, no pudieron ser ubicadas a pesar de los intensos esfuerzos de búsqueda las cuales además fueron inmediatas, si es que realmente fue Edwards, sin duda sorprende su capacidad de cronometrar tan decisivamente sus crímenes y secuestrar a los niños prácticamente a plena vista de los testigos.

Las respuestas parece lejanas, y el misterioso bosque parece querer mantener sus secretos muy bien guardados.

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