Pesando las almas humanas, la controversial y sorprendente teoría de los 21 gramos

El 10 de abril del año 1901, se llevó a cabo un experimento inusual en Dorchester, Massachusetts. El Dr. Duncan MacDougall iba a demostrar que el alma humana tenía masa, y por lo tanto, era mensurable.

El doctor llevó a cabo este experimento en seis pacientes moribundos que fueron colocados en básculas de peso Fairbanks hechas especialmente justo antes de sus muertes. La intención era pesar cada cuerpo antes y después de la muerte para determinar cualquier diferencia medida por las delicadas escalas. Los pacientes fueron seleccionados en base a su muerte inminente. Dos pacientes padecían tuberculosis, 5 eran varones y una era mujer.

En compañía de otros cuatro médicos, el Dr. MacDougall midió cuidadosamente el peso de su primer paciente antes de su muerte. Una vez que éste falleció, ocurrió un evento interesante.

“De repente, coincidiendo con la muerte, el extremo de la aguja cayó con un golpe audible chocando contra la barra de limitación inferior y permaneciendo allí sin rebote. Se determinó que la pérdida era de tres cuartos de onza”

 

El experimento continuó en el siguiente paciente con los mismos resultados. MacDougall sintió que estaba ante algo extraordinario. Una declaración hecha el 11 de marzo de 1907 en el New York Times capta el momento histórico:

“El instante en que la vida cesó, la balanza opuesta cayó con una brusquedad sorprendente, como si algo hubiera sido removido del cuerpo. Inmediatamente todas las deducciones habituales fueron de que se trataba de una pérdida de peso física, pero se descubrió que aún quedaba una onza de peso total sin contabilizar”

Los cinco médicos tomaron sus propias y compararon sus resultados. No todos los pacientes perdieron el mismo peso, pero sí perdieron algo que no se pudo explicar. Desafortunadamente, solo cuatro de los seis resultados del paciente pudieron contabilizarse debido a fallas mecánicas o la muerte del paciente antes de que el equipo de prueba estuviera en su lugar.

Pero ¿Qué hay de la pérdida de peso constante? Todo se tuvo en cuenta, desde el aire en los pulmones hasta los fluidos corporales. Todavía no podía ser explicado. Una variación interesante ocurrió en el tercer paciente, quién mantuvo su mismo peso inmediatamente después de la muerte. Pero luego de un minuto, perdió aproximadamente una onza de peso. El Dr. MacDougall explicó esta discrepancia de la siguiente manera:

“Creo que en este caso, el de un hombre flemático lento de pensamiento y acción, el alma permaneció suspendida en el cuerpo después de la muerte, durante el minuto que transcurrió antes de su libertad. No hay otra forma de explicarlo, y es lo que se puede esperar que suceda en un hombre del temperamento del sujeto”

Luego del experimento y la consulta con otros médicos tratantes, se determinó que la pérdida de peso promedio de cada persona era ¾ de onza, por lo tanto se concluyó que el alma humana pesa 21 gramos.

El Dr. MacDougall fue un médico respetado de Haverhill y el director de la Sociedad de Investigación que estuvo trabajando en este campo durante seis años antes del experimento. Aunque una práctica así se consideraría no ético en los tiempos modernos, sigue siendo una peculiaridad que provoca una gran cantidad de críticas, que van desde la metodología utilizada hasta diversas implicaciones religiosas.

¿Tú que opinas de este experimento?

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