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La Hora Muerta Empieza

Cuando el Padre Pío visitó misteriosamente a un niño enfermo

12 abril, 2020

Entre todas las increíbles historias que se cuentan sobre las acciones del Padre Pío, resalta una que es muy poco conocida: la historia de San Padre Pío y el joven Brian. Esta conmovedora historia fue escrita originalmente por la fallecida Anne McGinn Cillis en su extracto del libro, Brian: La maravillosa historia del Padre Pío y un niño anglicano.

EL PODER DE LA ORACIÓN

El joven Brian nació de John y Maureen, una pareja anglicana casada residentes de Liverpool, Inglaterra.

Brian siempre fue un niño alegre y extrovertido, sin embargo, cuando tenía dos años, la vida dio un giro inesperado para esta familia.

Durante unas vacaciones familiares de dos semanas, Brian comenzó a verse fatigado y débil. Finalmente, se descubrió la causa del deterioro de su salud; el pequeño tenía leucemia y solo le quedaban 6 meses de vida. Llena de angustia, la madre del niño recurrió a la oración y comenzó a pedir frenéticamente a sus amigos que rezaran por su hijo.

Después de rezar el “Padre Nuestro” y aprender a decir el “Ave María” por primera vez, la madre de Brian hizo una súplica final. Preguntó a una amiga si había alguien

más a quien podía pedirle por la vida de su hijo.

“Reza al Padre Pío”, le indicó su amiga dijo. Era el año 1971, y aunque el Padre Pío había fallecido en 1968, las historias de sus milagros se extendían rápidamente. A pesar de saber poco sobre el proclamado Santo, la desesperada familia recurrió a él a través de la oración.

EL MISTERIOSO VISITANTE

Una noche, Brian recibió una visita inesperada. A medida que pasaban las semanas, el pequeño repetidamente hablaba de un hombre desconocido que lo visitaba regularmente. Pero nadie había visto a ningún hombre como él lo describía.

Finalmente, Maureen fue contactada por el hermano de su buen amigo, Eddie, quien era seminarista cerca de Roma. Se había enterado de los misteriosos avistamientos de Brian y quiso hablar con el.

“Brian, quizás deberías preguntarle al hombre su nombre la próxima vez que venga”, le dijo Eddie al pequeño; y así lo hizo. Días después, la madre de Brian le preguntó a su hijo si descubrió el nombre del extraño y éste respondió: “Oh, sí … Dijo que se llama Padre Pio. Siempre lleva puesto un vestido largo y marrón y tiene agujeros en las manos y los pies”, indicó. A partir de este momento, un inexplicable aroma a incienso comenzó a cubrir la vivienda.

Un día, Eddie decidió poner a prueba a Brian mostrándole dos fotos de frailes capuchinos y una imagen del Padre Pio para identificar si era el Padre Pio quien visitaba o no al niño. Brian no reconoció a los dos frailes capuchinos presentados ante él, pero tan pronto como vio la imagen de San Padre Pío, se llenó de inmensa alegría y dijo: “¡Ese es el hombre, Eddie! ¡Ese es el hombre que viene a verme! ¡Ese es el Padre Pío! “

El niño pronto se convirtió en un faro de esperanza y una fuente de inspiración para muchos otros pequeños que luchaban contra la leucemia y durante sus últimas semanas de vida, distribuyó cientos de medallas milagrosas a quienes lo rodeaban.

Cuando el pequeño Brian estaba en su agonizante lecho, en sus últimos días, una de sus últimas solicitudes fue que la estatua de Nuestra Señora de Lourdes fuera puesta más cerca de él, un pedido bastante inusual para un niño de su edad y es que se cree que a través de los milagrosos encuentros de Brian con San Padre Pío, desarrolló una fe profunda.

Aunque su vida fue corta, el pequeño alcanzó las alturas de la santidad a la temprana edad de tres años.