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La Hora Muerta Empieza

La misteriosa posesión de Maria Talarico

1 mayo, 2019

El día 13 de febrero del año 1936 trajo consigo un horrible descubrimiento bajo el puente Morandi en la ciudad de Catanzaro, Italia. Allí, tendido sobre el rocoso lecho del río, estaba el cuerpo destrozado de un hombre local llamado Giuseppe “Pepe” Veraldi. Teniendo en cuenta el grave trauma que el cuerpo había recibido y su ubicación, parecía bastante obvio que el hombre había caído en picado desde el puente.

En ese momento no se sospechaba de nadie, y las autoridades llegaron a la conclusión de que Veraldi había elegido, por cualquier motivo, poner fin a su propia vida en ese puente, saltando a su destino. La familia de la víctima cuestionó esta explicación oficial, y se empeñaron a creer que todo fue un crimen, pero la policía mantuvo su postura y eso fue casi el final de eso, aunque los chismes y rumores no cesaron.

Tres años después del incidente, en enero de 1939, la adolescente local Maria Talarico caminaba por el mismo puente cuando supuestamente sintió de repente la compulsión de caminar hasta el mismo lugar desde el que Veraldi había saltado, antes de sentirse mareada y aturdida y finalmente perder la conciencia. Para tumbarse al suelo. Un transeúnte preocupado atendió a la niña desmayada y la llevó a su casa, donde durmió un rato antes de que las cosas se volvieran aún más extrañas.

Cuando se despertó, no era su persona habitual, literalmente, ya que comenzó a hablar en voz baja y dijo que ya no era María Talarico, sino Veraldi, y comenzó a preguntar por su madre y exigió tener cigarrillos y vino. Algo totalmente diferente al comportamiento de María, quién era una niña tranquila que nunca bebía ni fumaba. La alarmada familia, averiguando ciertos datos, lograron contactar a la madre de Veraldi, Catarina Veraldi, para que viera qué pensaba de todo esto. Cuando la madre llegó, se convenció de que ese era el espíritu de su hijo y Maria incluso demostró la capacidad de escribir en la letra de Veraldi.

Las cosas cambiaron cuando “Pepe” se puso bastante sombrío y proclamó que, efectivamente, no se había quitado la vida, sino que había sido víctima de un grupo de sus propios amigos, golpeado y arrojado desde ese puente años antes.  La niña al parecer salió corriendo de la casa hasta el puente y se acostó en el lugar exacto donde se había desvanecido antes para perder la conciencia nuevamente, pero esta vez Catarina le imploró al supuesto espíritu que dejara de atormentar a la joven. Cuando Maria despertó, lo hizo como si fuera su antigua “yo”, el espíritu de Pepe se había ido y ella no poseía ningún recuerdo de lo que acababa de suceder.

Todos los presentes quedaron desconcertados por lo que acababa de suceder, pero no había nada que probara que Veraldi había sido la víctima real de un crimen, quiénes podrían haber sido estos “amigos” o si María había sido poseída realmente o solo estaba delirando, aunque la madre del hombre seguía convencida que realmente había sido su hijo hablando desde más allá indicando que no se había quitado la vida.

Todo el asunto extraño se olvidaría en su mayoría hasta 9 años después, hasta que un día la madre de Veraldi recibió una carta en el correo que impulsaría el caso a lo verdaderamente inquietante. Este último fue escrito por un amigo de Giuseppe Veraldi llamado Luigi “Toto” Marchete, quien se había mudado a Argentina poco después del misterioso incidente de Veraldi. En la carta, Marchete afirmó que la culpa se había apoderado de él y confesaba completamente que había atentado contra Veraldi al hundirse en una profunda rabia de celos por una mujer y por ello le quitó la vida al muchacho con la ayuda de otros tres, tal y como había dicho María durante su trance.

Esta misteriosa confesión fue suficiente para reabrir el caso, y la policía pudo detener y arrestar a los otros implicados. Todos los hombres serían declarados culpables del crimen de Giuseppe Veraldi, y hasta el día de hoy sigue siendo un caso desconcertante: Un caso resuelto por el espíritu de la propia víctima.