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La Hora Muerta Empieza

Las células inmortales de Henrietta Lacks han salvado millones de vidas

14 marzo, 2017

Los médicos investigadores utilizan células humanas cultivadas en laboratorio para aprender las complejidades de cómo funcionan las células y probar teorías sobre las causas y el tratamiento de las enfermedades, pero por lo general estás se degeneraban demasiado pronto y no se lograban completar con satisfacción las investigaciones realizadas.

Pero…

En 1951, un científico de la Universidad Johns Hopkins Hospital en Baltimore, Maryland, creó la primera línea celular humana inmortal con una muestra de tejido tomada de una mujer joven que padecía cáncer cervical. Estas células, llamadas células HeLa, se convirtieron rápidamente en algo sumamente importante que poseía un valor incalculable para la investigación médica. Fueron las primeras células humanas que se pudieron cultivar indefinidamente en un laboratorio y ese avance histórico abrió el camino a incontables tratamientos médicos.

Henrietta Lacks la increíble mujer cuyas células “no morían”

Ella trabajaba cultivando tabaco negro y padeció de cáncer de cuello de útero cuando tenía 30 años. Al fallecer a tan temprana edad en el hospital Johns Hopkins de Baltimore, sus células cancerígenas fueron extraídas sin su consentimiento, como era habitual en aquellos años.

¿Por qué son tan importantes sus células?

Las células de Henrietta fueron las primeras células humanas inmortales jamás desarrolladas en cultivo. Ellas eran esenciales para el desarrollo de la vacuna contra la polio. Estuvieron presentes en las primeras misiones espaciales para ver qué pasaría con las células en gravedad cero. Muchos puntos de referencia científicos desde entonces han utilizado sus células, incluyendo la clonación, la cartografía genética y la fecundación in vitro.

Cuando se tomaron las células, se les dio el nombre en clave de HeLa, por las dos primeras letras de Henrietta Lacks

El genoma llamado “HeLa” sirvió de base para la multimillonaria industria biotecnológica, los familiares de Lacks nunca recibieron nada de las riquezas generadas por la llamada “línea celular inmortal”.

Sus parientes se enteraron no sólo de que le habían extraído células sino que las habían enviado a laboratorios de todo el mundo cuando un científico los contactó en 1973 para pedirles una muestra de sangre.

Los descendientes de Lacks no recibirán dinero, pero al menos podrán saber y tener algo de control sobre qué científicos tienen acceso al código genético de las células HeLa. También serán reconocidos en las publicaciones resultantes de esos estudios.

 

Hijos, nietos y bisnietos sobrevivieron a Lacks y muchos de ellos aún viven en Baltimore. Aseguran que la familia nunca fue informada de las investigaciones desarrolladas a partir de las células HeLa.