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La Hora Muerta Empieza

Los fantasmas romanos de York

6 noviembre, 2019

Cuando Harry Martindale, de 18 años, escuchó aquel ruido extraño, sonó casi como un cuerno en la distancia.

Probablemente alguien afuera, pensó. El aprendiz de fontanero se encogió de hombros y volvió a trabajar en el nuevo sistema de calefacción central, escondido en la antigua bodega de la Casa del Tesorero en York, en el norte de Inglaterra.

En la Edad Media, la Casa del Tesorero fue el hogar de los tesoreros de la catedral de la Catedral de York. Más tarde cayó bajo varios propietarios privados, hasta que terminó en manos del National Trust en el año 1930.Para 1953, cuando Harry Martindale se encontró en el sótano de la casa, éste se había convertido en un hito histórico, considerado uno de los lugares más embrujados de toda Europa.

Harry fijó su escalera en su lugar y comenzó a cincelar el techo, donde necesitaba crear un agujero para la nueva tubería de calefacción. Pero de nuevo sonó el claxon, una pequeña trompeta resonando en sus oídos, de alguna manera más cerca que antes.

Se detuvo con un suspiro. Estaba seguro de que la casa estaba vacía, a excepción de quizás otro trabajador o dos arriba, y el sótano era lo suficientemente pequeño como para poder ver cada rincón de la habitación. Simplemente no había nadie. Eso, hasta que un hombre fantasmal salió de la pared.

Cuando este hombre se materializó, otro lo siguió. Y otro y otro. Uno de ellos montaba un caballo, otro llevaba una pequeña trompeta, cada uno de ellos vestido con un atuendo extraño y antiguo.

Eran soldados

Harry Martindale derribó su escalera y cayó al suelo cuando docenas de hombres atravesaron la pared. Parecían cansados ​​y desgastados por la batalla, con los ojos fijos al frente. Nadie pareció notar a Harry mientras estaba sentado atónito en la esquina del sótano, aterrorizado por aquella visión que estaba teniendo.
Fue entonces cuando Harry notó otro detalle peculiar: no podía ver nada debajo de sus rodillas.

Estaban caminando por el piso.

Avanzaron, el espejismo fantasmal de un batallón derrotado en su camino hacia una oscuridad infinita, atravesando la otra pared. Con túnicas y cascos emplumados, portando escudos redondeados, espadas y lanzas, tirando de sus caballos para continuar hacia adelante. Y así como así, se habían ido.

Martindale huyó escaleras arriba aterrorizado. No muchos le creyeron, pero más tarde quedó claro lo que vio: ¡La manifestación fantasmal de soldados romanos que viajaban por el viejo camino debajo de la casa!
Esta es una de aquellas experiencias reales que a muchos les cuesta creer, y es que, hasta que no pasen por algo similar, las dudas siempre surgirán.